Evo: El ejército le hizo ¡bu! y salió huyendo / En opinión de Carlos Ramírez


Redacción MX Político.- 

Dos temas urgentes en la agenda política:

1.- El derecho de asilo en México ha sido histórico y las grandes migraciones enriquecieron la cultura y la ciencia. Inclusive, los asilados latinoamericanos socialistas en los setenta que llegaron huyendo de las dictaduras militares contribuyeron a ennoblecer el pensamiento mexicano y, de manera significativa, el periodismo progresista.

Evo Morales se auto desplazó del poder cuando el ejército tuvo que optar entre los beneficios del poder o el incumplimiento de la orden de reprimir. El modelo político de Evo Morales fue más discursivo que real, de clases, de reconstrucción de un poder popular. Ahora parece olvidarse un hecho: el apoyo de Evo a la producción de coca desestabilizó el mercado de tráfico de drogas.

El error político de Morales fue su decisión de permanecer en el poder más allá de sus promesas, de las leyes y de la dinámica misma del desgaste de su liderazgo. La derecha no solo permaneció, sino que encontró en el radicalismo del presidente indígena los espacios para la construcción de alianzas estratégicas internas y externas.

Con la huida de Morales de su país podría estar llegando a su fin el ciclo populista que comenzó en el primer decenio del siglo XXI. Los líderes Hugo Chávez, Nicolás Maduro, los Kirchner, Ortega y Lula, entre otros menores, dependieron de los hilos de control de Fidel Castro desde La Habana. A Raúl Castro le falta talento, enfoque estratégico, discurso y sobre todo habilidad. Y el modelo populista acorta su dinamismo en ciclos cortos para dar paso, de manera inevitable, al neoliberalismo estabilizador.

De todos los gobernantes en la actualidad, Evo Morales era el que tenía más imagen política, aunque careció de mayores relaciones con La Habana y no pudo asumirse como el líder de una corriente regional. El fracaso de proyecto comercial bolivariano se asoció a la declinación de la riqueza petrolera de Venezuela. Y el indigenismo de Bolivia nunca fue un prototipo para las economías productivas industriales de Iberoamérica.

Las posibilidades de reactivación política de Evo Morales dependerán de las posibilidades de su regreso a Bolivia; sin embargo, las circunstancias de su huida ante un ¡bu! de los militares le restaron calidad política y liderazgo.


2.- El proceso de nominación de la activista María del Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos fue, al mismo tiempo que una reafirmación de la política morenista sumisa en el legislativo, un mensaje sobre el funcionamiento de ese organismo de cara a su tarea de vigilar los derechos humanos. 

La CNDH nació para encarar al Estado y la pérdida de efectividad fue producto de la burocratización, apoltronamiento y jibarización de su papel durante la gestión de Luis Raúl González Pérez.

El fracaso previsible de una administración morenista en la CNDH lo ha evidenciado con claridad el papel de pollo descabezado del subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas Rodríguez. Ningún gobierno desde el 2000 ha logrado aparecer a los desparecidos porque el responsable de esa política criminal contra la disidencia ha sido el Estado, lo mismo el priísta que el panista y ahora el morenista. La represión de la disidencia ha sido una tarea sistémica.

Lo que viene ahora es el efecto político: en 1973 el presidente Echeverría dio un giro estratégico hacia la izquierda discursiva y el asilo a chilenos socialistas provocó la ruptura con la derecha empresarial: rumores, oposiciones, desinversiones y el pánico al golpe de Estado. La parte más delicada de la ruptura empresarial fue la fuga de capitales que se unió a la inflación por el déficit presupuestal y condijeron al círculo vicioso de inflación-devaluación.

Ahora parece repetirse el ciclo de la historia: el asilado Evo Morales viene a hacer activismo para sí y contaminará el precario equilibrio ideológico del gobierno mexicano con los empresarios; y la nueva presidenta de la CNDH recordará de manera permanente el asesinato del empresario Eugenio Garza Sada porque su hermano Jesús Piedra Ibarra participó en el comando de la Liga Comunista 23 de Septiembre que quiso secuestrarlo y le provocó la muerte.

Lo malo de todo es que el presidente López Obrador no pertenece a esa izquierda socialista; más aún, desde hace tiempo dejó de auto denominarse de izquierda y su proyecto es un modelo de búsqueda del equilibrio social y la disminución de la riqueza y se acerca más al esquema priísta de los setenta de equidad en los beneficios del crecimiento.

La reactivación económica y productiva del Estado, el activismo de Evo Morales y la nueva presidenta de la CNDH podrían redefinir el proyecto de gobierno actual.

 

 


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